La dopamina es conocida como la hormona de la felicidad. Se trata de una molécula que tiene por labor llevar un mensaje desde las neuronas donde se produce hacia las demás células. La dopamina influye en el control del movimiento, la memoria y, la recompensa cerebral.
La hormona de la felicidad también interviene en varias funciones fuera del cerebro como la motilidad gastrointestinal, la liberación de hormonas, la presión arterial inclusive en la actividad de las células del sistema inmunitario.
Almacenamos memorias a través de las emociones
La dopamina es internacionalmente conocida por ser la hormona de la felicidad. El psicoestimulante también produce placer y relajación. Interviene en procesos de memoria y aprendizaje porque configura la duracion de los recuerdos. Es decir, determina si una información se puede almacenar durante un tiempo o se elimina muy rápido.
Ello lo logra impulsando que la memoria y el aprendizaje vayan asociados a emociones. En este proceso interviene la dopamina en el accumbens, una parte del cerebro comprometida en el control de las emociones, que comunica con áreas encargadas de la memoria, como el hipocampo.
Por eso, algo aprendido a través de una experiencia con carga emocional dura más. Y es que el aprender produce placer y la información se almacena durante más tiempo. Así que de nada sirve el castigo corporal como estímulo para aprender.
La dopamina y la personalidad
Diversos estudios científicos sostienen que la dopamina podría estar relacionada con rasgos de la personalidad como la inseguridad, la cobardía o incluso el grado de sociabilidad. Es más, nos permitiría saber si una persona es calmada o insegura o si se estresa con facilidad.
Es lo que pasa con las personas con predilección por las “emociones fuertes”. Ciertas áreas de su cerebro tienen una mayor cantidad de dopamina, por lo que son más “inconscientes” en sus actos. Por el contrario, los niveles bajos de dopamina se relacionan con la fobia social.

La hormona de la felicidad: adicción y motivación
Al parecer, la dopamina es la verdadera culpable de nuestras adicciones: las positivas y las negativas. Esto se debe a que las drogas incrementan la cantidad de dopamina en el cerebro, lo que produce un estado mayor de placer, ¡tanto disfrute motiva a seguir consumiéndolas! Algo similar sucede con las menos malas, como el dulce o la comida chatarra.
No podemos pasar por alto el hecho que cada persona no reacciona de la misma manera ante estas adicciones. La razón es que no todos sentimos el mismo placer al comer un chocolate, por ejemplo. Un estudio de la ciencia asegura que es debido al número de receptores a los cuales se une la dopamina.
¿Por qué las personas con inclinación a la obesidad son «dependientes de la comida»? Resulta, que tendrían menos de estos receptores, lo que les crea la necesidad de comer más para experimentar la misma satisfacción. Se puede concluir que la liberación de la dopamina nos puede convertir en adictos, puesto que nos impulsa a una búsqueda continua del placer.
El lado gris de la dopamina
Pero no todo es color de rosa. La dopamina también está relacionada con muchas enfermedades psiquiátricas y neurológicas. Cuando tenemos un exceso de dopamina pueden aparecer trastornos como el trastorno bipolar o la esquizofrenia.
Desafortunadamente, existe una enfermedad muy frecuente en nuestra sociedad que está asociada al déficit de dopamina: el parkinson. En este caso particular, la enfermedad se origina por la muerte de las neuronas que producen dopamina. Este fenómeno sucede en una región del cerebro que se llama sustancia negra. Como la dopamina tiene relación con la actividad motora, se hacen evidentes los síntomas en los pacientes que la padecen.
Como es de esperarse, lo ideal es contar con las cantidades ideales de dopamina en nuestro organismo. De ese modo podemos encontrar un equilibrio entre la mente y el cuerpo. Existen prácticas cotidianas que nos ayudan a incrementar los índices de dopamina como el escuchar música o hacer ejercicios. Así como entrenamiento de nuestra mente para potenciar la parte del cerebro que la produce: el mindfulness.
En resumen, la dopamina es la sustancia idílica de nuestro organismo. En cuanto a sus manifestaciones, puede ser severa pero también amable y educada. Lo adecuado es equilibrar el nivel de la hormona de la felicidad de una forma consciente. ¿Te animas a ello?
